
Hasta ahora, el esfuerzo por el comunal realizado desde la asociación libre “Recuperar el Comunal” se ha centrado en el comunal clásico, el heredado. Ciertamente, éste tiene todavía una notable presencia en nuestro país, con siete millones de hectáreas y unos cuatro millones de personas comuneras. De él hemos aprendido qué es el comunal, porqué, para qué, cuándo y cómo se creó, lo que es decisivo. Pero ha llegado el momento de pensar sobre todo en el comunal del presente-futuro.
En Europa se está creando una nueva situación sociopolítica que demanda comenzar a construir los fundamentos del comunal del futuro. Así lo requiere el inicio del desmantelamiento del Estado de bienestar, la crisis bélica mundial y sus consecuencias cotidianas, el ascenso de la pobreza, el problema de la vivienda para la juventud, la epidemia de enfermedades psíquicas, el cuasi colapso de las libertades populares, la degradación planeada desde el poder del ser humano, la sustitución étnica y otras muchas dificultades y atrocidades determinantes.
Para el comunal del pasado-presente hemos marcado las tareas de:
1) Darlo a conocer con objetividad y verdad.
2) Lograr que la historiografía en curso lo conciba como un elemento decisivo de nuestro pasado.
3) Ayudar a quienes tienen una interpretación distorsionada de él a comprenderlo con rigor y claridad.
4) Difundir los textos de los autores que lo estudian, antaño y en el presente.
5) Defenderlo contra las acometidas del Estado, ayer los procesos desamortizadores y hoy su apropiación de facto por diversas instituciones estatales.
6) Aprender de los comuneros y comuneras contemporáneos, siempre con discernimiento y sentido crítico.
7) Desmontar y refutar la legislación hostil al comunal, comenzando por la Constitución española en curso.
8) Obligar al Estado español a que devuelva todo el comunal que ha ido expoliando a las comunidades populares.
9) Presentarlo como proyecto integral de vida social y valía individual útil para las sociedades europeas del presente, en el cual está contenido su porvenir.
En efecto, la sociedad comunal, adecuada a las condiciones del siglo XXI, es el futuro mejor para los pueblos europeos. Esto invita a pensar el comunal como, sobre todo, un ideario y un programa a realizar.
Empero, partimos de una sociedad que es anticomunal de forma concluyente. El aún existente es -debe reconocerse- comunal degenerado, en consecuencia, débil y moribundo. La condición urbana de las actuales sociedades europeas resulta ser otro elemento negativo. Peor aún es la naturaleza amoral e inmoral de aquéllas. El estar intensamente estatizadas se hace otro factor sustantivamente negativo, así como el padecer un capitalismo feroz, por parasitario y arrasador. La enorme y omnipresente conflictividad interpersonal y grupal existente, que niega la esencia misma del comunal, a saber, la vida hermanada, tiene igualmente significación muy negativa. La ínfima calidad de la persona, luctuoso hecho intencionadamente producido desde las alturas del poder, abunda en lo mismo. Algo similar cabe decir de las ideologías hedonistas egotistas en curso, que ciegan las mentes, degradan a la persona y aniquilan el sentido moral, haciendo no comunitarias a las gentes. La ausencia de libertad y libertades es otro decisivo factor negativo.
Así las cosas, ¿por dónde empezar?
Posiblemente, lo primero ha de ser ir constituyendo núcleos de vida comunitaria, a diversos niveles y con variados grados de implicación, compromiso e intensidad. Estos equipos comunales son imprescindibles, al constituir lo básico o primario. Deben ser grupo de personas que se comprometen a estar y vivir unidas por lazos de afecto y reciprocidad conforme a unos criterios previamente acordados, pactados. Los niveles son varios. El más básico es un acuerdo elemental para la amistad y el apoyo mutuo, cada cual desde donde habite y esté, familias e individuos. El nivel ascendente, el siguiente estadio puede iniciarse con el intercambio de servicios y trabajos en común desde el apego y la convivencia. Un paso más sería la elaboración por trabajo comunitario de algún bien o servicio. Si se continúa ascendiendo habría que pasar a llevar una vida en común, en un espacio habitacional unificado o al menos próximo, con o sin actividad productiva comunal. El nivel sucesivo, ya máximo, será, el ponerlo todo en común, con criterios de justicia (nivel imperfecto), o de familiaridad (nivel superior).
Así se irá formada la infraestructura básica del comunal, la vida en común por afecto, amistad, familiaridad y amor[1]. Conviene que ya exista cuando la crisis social en curso alcance un estadio agudo, grave, lo que todavía no está sucediendo. Esta es la percepción estratégica que propone “Recuperar el Comunal”.
Desmenucemos lo que Felipe Esquiroz, el estudioso del comunal navarro, define como “espíritu de comunalidad”. Dicho espíritu se compone de ocho valores, o virtudes, colectivas e individuales:
- Convivencialidad.
- Espíritu de servicio a la comunidad (virtud cívica) y al otro en tanto que persona próxima.
- Sentido moral.
- Voluntad de esfuerzo y servicio.
- Ética del trabajo comunitario e individual.
- Desdén por el dinero y los bienes materiales.
- Adhesión a la noción de que el comunal es un sistema social global.
- Elevada calidad del individuo, que se autoconstruye y construye.
A todo ello hay que añadir otros cuatro más:
- Vigilancia para que el proyecto e ideario comunal no se desvirtúe.
- Capacidad de poner los problemas encima de la mesa con espíritu constructivo.
- Respeto al individuo tanto como a las libertades individuales[2].
- Valentía para defender a la sociedad comunal de sus enemigos.
En total doce. Y dos más:
- Apartamiento completo del Estado.
- Búsqueda de un grado máximo de autosuficiencia económica.
Son catorce, en definitiva.
Hay uno más, previo, comprender qué es el comunal de un modo exacto, diferenciándolo de otros proyectos pseudo comunales, como el “jardín” de Epicuro, bastante común. Eso demanda que, en cada núcleo comunal, o fraternidad, exista una actividad regular de estudio, formación y reflexión, de manera que sus integrantes se desarrollen intelectivamente.
No hace falta añadir que los resultados de tal quehacer reflexivo tienen que difundirse por toda la sociedad, tarea esta inexcusable, dado que de ella depende en buena media la constitución de nuevos núcleos comunales o fraternidades, para ir formando la necesaria red, que ha de ser lo más tupida posible, abarcando a toda la sociedad.
Quince, pues, son los integrantes del “espíritu de comunalidad”.
Todo núcleo comunal tiene que ser, necesariamente, una fraternidad, un colectivo de personas que se aprecian y se sirven las unas a las otras por afecto. Sólo desde esta realidad practicada día a día es posible el trabajo productivo libre en común y la explotación colectiva de los bienes comunales, agrícolas, pecuarios, silvícolas, artesanales, industriales y de servicios. Si lo convivencial se quiebra, el comunal no puede mantenerse, y se produce el paso a la propiedad privada, con colapso de los sistemas de ayuda mutua, trabajo libre en común y cuidados compartidos de unos a otros. Eso es lo que quiere decir Esquiroz. Éste aplica los valores positivos decisivos, fundacionales, de la cultura occidental al caso de Navarra, que es la cuna continental del comunal, por la revolución bagauda vascona del siglo V.
Todo lo demás depende de ahí y se deriva de ello.
Ciertamente, cada uno de los quince puntos citados tiene que irse desarrollando y concretando, para que quienes se decidan a emprender ya ahora un proyecto comunal tengan claridad mental al respecto. Para ello será necesario constituir Escuelas de Comunal desde la experiencia y la práctica.
Otra advertencia a enfatizar es que el comunal resulta ser una propuesta para toda la sociedad y no meramente un espacio privativo donde “yo” resuelvo “mis” problemas, o intento resolverlos[3]. En efecto, un núcleo comunitario aislado, solitario, en una sociedad dominada sádicamente por el Estado y triturada por el grancapitalismo, no puede mantenerse. Se necesitan varios, muchos núcleos o entes comunales, que se apoyen los unos a los otros, muchas entidades fraternales, muchas fraternidades operativas[4]. Este es un caso de o todos o ninguno.
Conviene no olvidar que durante los últimos decenios ha habido un cierto número de intentos de crear entidades colectivas comunales, donde vivir. Por desgracia, prácticamente todos han fracasado, la gran mayoría se han disuelto y los que sobreviven hace bastante que han dejado de ser una referencia a tener en cuenta, quizá con alguna excepción parcial. No siguieron las normas del comunal, que provienen de una práctica, experiencia y sabiduría de siglos, de manera que han carecido de continuidad y significación.
En el presente, Europa atraviesa un periodo de insociabilidad máxima. La “guerra de todos contra todos” se ha absolutizado y domina a las sociedades europeas. Las personas, lejos de apreciarse y servirse unas a otras, se enfrentan, e incluso se odian. Los valores de la amistad, el compañerismo, la vecindad, la ayuda de unos a otro, el sentido moral, la convivencia, la hermandad, el afecto, el servicio, el espíritu de sacrificio por los demás, la adhesión en actos a la noción de bien público, el civismo, todo eso ha desparecido[5]. Ello está significando una inmensa catástrofe civilizatoria. Y, como parte de ésta, una catástrofe social, pues eso afecta decisivamente a la economía, que va de mal en peor, y a la salud de las personas. La ola aterradora de enfermedades psíquicas, que resulta de estas sociedades en las que el ser humano es “lobo” para el ser humano, con sus secuelas de disfuncionalidad laboral, enfermedades físicas derivadas de las dolencias psíquicas, aniquilación de la familia y suicidio de masas, destruirá a Occidente, lo está destruyendo ya. Por eso la revolución comunal es no sólo posible, sino también necesaria. Añadiré aquí que las victimas principales de la insociabilidad instituida son las mujeres europeas, como lo demuestra sus más elevadas tasas de enfermedad mental y consumo de psicofármacos.
El proyecto de vida comunitaria que suscribe “Recuperar el Comunal” es una buena solución a todo ello.
También lo es al declive dramática de la calidad y valía del individuo medio. En los núcleos comunales, comunidades, nuevo comunal o fraternidades tienen que ocupar un lugar destacado las tares para la mejora construida y autoconstruida del individuo, como regeneración moral y validación existencial plena. Hacerse seres humanos mejores es una de las metas más importantes del proyecto de vida comunitaria.
FRM
[1] Esto es necesario para todo, incluso para poner en explotación algún bien comunal, por ejemplo, tierras comunales de un pueblo o barrio. Veamos cuál ha de ser el procedimiento. Localizadas unas tierras comunales, que estarán siendo aprovechadas abusivamente por el ayuntamiento (es lo más común), ¿qué debe hacerse? Lo primero es convocar una asamblea de vecinos y vecinas para conseguir el dominio de tales tierras y laborearlas comunalmente. Es decir, ha de constituirse el concejo abierto que se va a hacer cargo de ellas. Efectuada la convocatoria, el concejo abierto queda constituido con el número de vecinas y vecinos asistentes, de manera que los no asistentes se supone que dejan en manos de los que han acudido las tareas a realizar. Si el bien comunal puede ser puesto en rendimiento productivo debe hacerse directamente o indirectamente, por ejemplo, a través de la llamada “agricultura de teléfono”, y el producto conseguido tiene que distribuirse según criterios de justicia, no (por el momento) de familiaridad. Eso significa que la distribución individual o familiar del producto conseguido se hará conforme al esfuerzo aportado. Pero lo primero y principal es constituir el núcleo colectivo operante, el concejo abierto, que, si no es total, si no incorpora a todos, puede denominarse pro concejo abierto. Pero esta entidad comunitaria no puede funcionar con criterios meramente técnicos o funcionales. Tienes que sustentarse necesariamente en nociones de afecto, de amistad, de confianza, de emocionalidad compartida manifestadas en actos. O eso o no funcionará…
[2] Lo individual no puede ser sacrificado a lo colectivo, de manera que una sociedad comunal no anula a la persona desde lo grupal, sino que la fomenta y la promueve. La doble naturaleza de lo humano, social y personal al mismo tiempo, tiene que mantenerse en las instituciones comunales. El comunal no es una forma de colectivismo donde la persona resulta marginada y atropellada sino una ingeniosa combinación del “yo” y el “nosotros”, realizada día a día.
[3] Es legítimo buscar la solución de los propios problemas en entidades comunales, en fraternidades por crear o ya creadas. Pero siempre que el objetivo número uno personal sea el bien del proyecto, el bien del núcleo comunal y el servicio a los otros, a quienes lo forman. Servirse los unos a los otros por afecto, y en ese marco satisfacer las propias necesidades, es lo correcto.
[4] Esto exige tomarse muy en serio al comunal urbano, que puede y debe desarrollarse en las ciudades y áreas industriales/de servicios. Expuesta la cosa como se hace en este documento, no hay inconvenientes para que este llegue a ser, a existir y a prosperar.
[5] En tales condiciones, constituir núcleos de comunal es pluralmente dificultoso, e incluso indeseable. Se da en ello el recelo a convivir con otros, a menudo explicable porque hoy, de los otros, llegan más problemas que actos amistosos y cooperativos. Cuando el espíritu de depredación se ha generalizado, de manera que el individuo concibe al otro como aquél al que despojar, o parasitar, o engañar, o dominar, es comprensible que muchas personas escojan la soledad. Cambiar esto requiere medidas significativamente importantes, sin caer en la ingenuidad ni en el buenismo ni en el voluntarismo. Será un problema cuya solución ocupe todo un largo periodo histórico, en efecto, pero dicho periodo hay que comenzarlo hoy.
Enlaces relacionados:
Declaración de Objetivos y Fines de la Asociación Libre “Recuperar el Comunal”
HA SIDO CONSTITUIDA LA ASOCIACIÓN LIBRE “RECUPERAR EL COMUNAL”