
A través de un amigo común he conocido y recibido el Documento titulado “Irán Libre, la Revolución del León y el Sol y las operaciones militares conjuntas de EE. UU. e Israel”, firmado por un iraní afincado entre nosotros, Mobarezan Rah Mashrouteh.
Os pido que lo leáis y miréis con atención. Así captaréis el dolor inmenso que transmite, al describir las matanzas y las otras muchas atrocidades que están siendo cometidas por el monstruoso régimen musulmán de los ayatolas. En particular, la carnicería de enero de 2026, cuando en menos de dos semanas fueron asesinados 43.000 manifestantes (esta es la cifra que yo manejo), muchos de ellos de forma horrorosa[1]. Las fotos de las pilas de cadáveres que contiene el texto son estremecedoras.
Mientras, el gobierno izquierdista español recibe las felicitaciones de la patibularia dictadura iraní por ponerse de su parte, y, lo tremendo es que dicho gobierno se felicita por ello, estrechando sonriente las manos de los mortíferos clérigos, que chorrean sangre, más que nadie en lo que llevamos de siglo XXI. Y, además, toda una turba depravada y codiciosa de comunicadores, influencers y periodistas españoles, mercenarios e ignorantes hasta lo superlativo, siguen con la cantinela de que frente a Estados Unidos e Israel hay que respaldar a los super asesinos con turbante.
Lo obvio es que la guerra librada en Irán es injusta por ambas partes. El imperialismo yanqui y el Estado sionista no pueden (no deben) agredir a otro país militarmente, no, no pueden y deben ser condenados por ello. Pero que lo hagan no mejora ni justifica al régimen dictatorial musulmán, no lo convierte en víctima cuando lo que realmente resulta ser es verdugo de su pueblo, demonio exterminador que opera con la máxima saña contra la buena gente iraní.
Lo diré claramente: es justa la rebelión multitudinaria dentro de Irán contra sus verdugos. Muchos de éstos están ahora siendo víctimas de la justicia popular, que los hiere y extermina de variadas maneras. Quien a hierro mata a hierro muere. Más pronto o más tarde la rebelión popular allí, en Irán, se convertirá en revolución y el tenderete clerical archi fascista se desmoronará, dejando a sus pérfidos y codiciosos apologetas españoles en evidencia. Porque, según el refrán, dime con quién andas y te diré quién eres. Por tanto, ¿cómo calificar a los entusiastas del aparato clerical estatal iraní, que es fascista, islamofascista hablando con precisión?
Para ellos sólo existen los Estados, jamás los pueblos. Adoran a los aparatos de poder y desprecian a la gente común. Ésta, para aquéllos no existe. Eso es causa y consecuencia de su “olvido” de la categoría más decisiva, la de revolución.
El gobierno español y sus corruptos voceros, aferrados a la teorética del “antiimperialismo”, están lavando la cara de los clérigos musulmanes, presentándolos como gente decente que defiende a su país “contra el imperialismo USA y el sionismo”. Pero no es así. Defienden su sanguinaria dictadura, sus descomunales privilegios, sus cuentas bancarias, super infladas, en el extranjero. Aquella teorética está llegando tan lejos que el actual gobierno español, de la izquierda procapitalista y totalitaria, se dispone a vender al imperialismo chino, amigo y sostenedor de los atroces ayatolas, lo principal de la riqueza de los pueblos ibéricos. Pero si el imperialismo yanqui es intolerable, el imperialismo chino es no menos intolerable. Los pueblos ibéricos tienen que resistir y combatir al uno y al otro.
Porque, he de insistir en ello, existen los imperialismos, las grandes potencias, y existen los pueblos, los trabajadores. Es de sentido común que debemos estar en contra de los primeros, de todos ellos, y a favor de los segundos, de todos ellos. Lo que importa y cuenta, al final, son los pueblos, la gente común, pues con su actuar determinan el presente y futuro de las sociedades tanto como el decurso de la historia.
El “antiimperialismo” es hoy, en primer lugar, un negocio, un sucio negocio que mercadea con la sangre y el dolor de los pueblos. Quienes de un modo u otro justifican o defienden a Irán es porque forman parte del aparato de propaganda de los ayatolas, cobrando por ello. Una y otra vez se repite lo mismo, gentes sin conciencia ni moralidad se ponen del lado de la potencia supuestamente agredida y, como compensación, reciben fondos de ella. Así lo lleva haciendo la extrema izquierda procapitalista y fascista, desde hace muchos años financiada por el clero islámico iraní en el poder. A aquélla se está sumando ahora la extrema derecha neonazi y conspiracionista, ansiosa por denunciar a “los judíos”, eterna e inmutable en su antisemitismo racista, desquiciado y paranoico.
Esto no les impide, a los unos y a los otros, recibir también dinero de diversas entidades del imperialismo occidental, instituciones estatales, fundaciones, bancos y grandes empresas. Su oposición a la idea y a la práctica de la revolución popular, integral y comunal, está en la raíz de ello. Así se llenan los bolsillos por múltiples vías. Y, para colmo, sus vídeos, artículos y comentarios carecen de objetividad, calidad y rigor analítico. Hablan de lo que no saben y no entienden, de lo que no se esfuerzan en comprender por medio de un estudio duro y perseverante. Son estrategas de salón que se dirigen a un público acrítico, entontecido, que se lo traga todo, desde el abuso, la caradura, la ignorancia y la desvergüenza. Y ahí situados, se “solidarizan” con Irán, esto es, con los matarifes musulmanes de Teherán.
Ser revolucionario no proporciona recursos dinerarios, ser “antiimperialista” (con comillas) sí. Muchos.
Para comprender la situación y percibir el curso más probable de los acontecimientos, hay que partir de la actual doctrina estratégica del imperialismo EEUU y de su marioneta regional, el Estado sionista, en este asunto. No se proponen destruir al régimen fascista musulmán, sino hacerlo cambiar de bando, alinearlo a su lado, para organizar el gran frente y cerco planetario contra China, que es el único enemigo de USA con entidad. Se proponen, así pues, obtener lo mismo que han conseguido en Venezuela, donde los intereses de EEUU están ahora servidos por el aparato estatal chavista, que cambió de bando y se hizo pro yanqui en enero de 2026.
El realineamiento del Estado musulmán fascista de Irán es el objetivo del gobierno USA. No su derrocamiento.
Si los ayatolas caen en Irán podría darse una situación revolucionaria en desarrollo que pondría en difícil situación a todos los actores estatales, empresariales e imperiales implicados. O, cuando menos, probablemente se constituiría una situación de caos y desorden social extremos, lo que invalidaría al país como agente y aliado regional de EEUU contra China. Así pues, EEUU no va a eliminar el poder clerical, lo va a mantener.
Por otro lado, el clero islámico de Irán sabe que es ilimitadamente odiado por su población, que hará justicia con él en cuanto se den las condiciones adecuadas. Y de ello saldrá la condena a muerte y cumplimiento de la pena para miles de sus jerarcas, altos funcionarios, jefes militares, periodistas, influencers, torturadores y asesinos. Así pues, se van a aferrar con uñas y dientes al poder, porque saben que para ellos no va a haber piedad, ni olvido ni perdón. No lo está habiendo ya. De ahí que, en una perspectiva estratégica y considerando un espacio razonable de tiempo, el clero criminal deberá escoger entre sólo dos opciones, o morir matando o subordinarse a EEUU de un modo u otro, más o menos al completo, más o menos perceptible.
Por todo ello, he de diferir de la propuesta política que ofrece el documento comentado.
El retorno a una monarquía liberal no va a ser respaldado por EEUU, porque haría incontrolable al país, al no garantizar un suficiente control de las clases populares. El documento, además, guarda silencio sobre un asunto decisivo, la justicia popular a imponer al aparato clerical criminal de Irán. No dice qué hacer con él, si se hará justicia o si quedará impune. Millones de personas en Irán, que han perdido a sus hijos e hijas, asesinados por el régimen, quieren que éste responda por sus infinitas atrocidades. Y dicho aparato, que a saber qué futuro le espera si se rinde, no va a ceder un milímetro, pues ya se ha marcado como meta aguantar al máximo; como se ha expuesto, morir matando.
Dicho de otro modo, se está repitiendo en Irán lo que sucedió en Alemania en la segunda fase de la guerra de 1939-1945, cuando desde 1943 los jefes nazis sabían que tenían perdida la guerra, pero resistieron dos años más simplemente para escapar por un tiempo algo mayor de la horca.
Si se llegase a establecer una monarquía liberal en Irán sería como simple tapadera de la dictadura clerical-fascista, para proteger a sus agentes, para salvar del patíbulo a los criminales estatales, al menos a una buena parte de ellos. Y eso la pondría rápidamente en evidencia. Conviene no olvidar, al mismo tiempo, que el régimen monárquico de Irán derrocado en 1979, en lo referente a represión, torturas, ausencia de libertades y matanza, en muy poco estaba por detrás del actual, el de los ayatolas
Mi propuesta es la revolución. Una revolución popular que instaure un régimen de democracia directa, gobierno por asambleas, libertades básicas, armamento general del pueblo, derecho consuetudinario, apartamiento del clero de las instituciones de poder, justicia popular, castigo a los jefes del Estado musulmán culpables, economía comunal, moralidad popular y privada, centralidad del individuo y de lo individual, cultura popular autoconstruida, diversificación y autosuficiencia productiva, soberanía igual para todos los pueblos sometidos al Estado iraní, igualdad jurídica estricta entre hombres y mujeres con desmantelamiento del horroroso patriarcado musulmán, alejamiento de todas las potencias imperialistas y apoyo a todos los pueblos del mundo en lucha por la libertad, la soberanía, el comunal y la revolución.
Por el momento, revolucionarios y reformistas, radicales y liberales, tenemos que estar unidos en la condena y la lucha contra el monstruoso Estado musulmán iraní, así como en la denuncia de quienes aquí, en España, lo embellecen, justifican y respaldan. En primer lugar, el gobierno español de izquierdas. Pero, eso sí, con tales perversidades, no puede extrañar a nadie que la izquierda esté es descomposición y caída libre.
FRM
[1] Si medimos la intensidad de los actos de genocidio por los asesinatos cometidos en una unidad de tiempo concluiremos que la criminalidad del Estado musulmán iraní en Irán es mucho más intensa que la del Estado sionista en Gaza. Pero la izquierda procapitalista, estatolátrica y antirrevolucionaria española condena al segundo y apoya al primero. De ahí se concluye que, para ella, hay genocidios “buenos” y genocidios malos, según quien los haga… Para mí no, todos son igualmente condenables.