La nueva guerra mundial a comienzos de 2026

He ido realizando cada cierto tiempo, unos seis meses, análisis de la situación mundial, dado que ésta se modifica con bastante rapidez, los cuales están editados en mi web. Este es uno de ellos, el último por ahora, que corresponde al periodo julio de 2005-enero de 2026.

El fracaso de la política arancelaria del imperialismo USA se pone de manifiesto en que el superávit de la balanza comercial de China en 2025 ha sido un 20% superior al año anterior. Eso significa que en nada han afectado las restricciones comerciales de aquél al imperialismo chino. En consecuencia, el conflicto por la dominación mundial entre las dos superpotencias (seniles y decadentes) de esta época ya sólo admite un tratamiento basado en el rearme y la militarización[1].

LA ESCALADA ARMAMENTÍSTICA

De ahí que en los últimos meses los EEUU se estén lanzando a variadas intervenciones armadas y amenazas de intervención, en Venezuela[2], Groenlandia, Méjico, Gaza, Canadá, Irán, Panamá, etc. A la vez, en el área Asia-Pacífico el acopio de armamento crece y se incrementan las maniobras militares conjuntas y desafíos verbales, habiéndose unido a la gran gresca Taiwan, Japón, Corea de Sur, Filipinas, Vietnam, Australia, etc., todos ellos entregados a la tarea de completar y activar el cerco a China. Parece que estamos volviendo al colonialismo, desde el neocolonialismo, a la dominación directa, “manu militari”, en vez de a la indirecta propia de este último.

En Europa el rearme y los llamamientos de la juventud masculina a filas (más adelante le tocará a la femenina) están en el orden del día. El gobierno alemán ya ha impuestos el servicio militar “voluntario” para los varones, Francia casi lo mismo, mientras que Polonia, Dinamarca, Croacia y otros países llevan algún tiempo con él. Queda confuso qué va a pasar con las mujeres, si la “igualdad” proclamada por el feminismo de Estado va a llevar a éstas a los ejércitos, o no, aunque lo cierto es que unos de los objetivos entre líneas de aquél es convertir a las mujeres en carne de cañón, en masa a sacrificar en los campos de batalla en beneficio del ente estatal y el capital.

Lo de Groenlandia es sangrante. Los pueblos europeos tienen que unirse con el pueblo groenlandés, el único legitimado para decidir su futuro, para dar la batalla al colonialismo USA. Entre nosotros, debemos preguntar acusadoramente a la extrema derecha neofranquista afecta a EEUU qué va a hacer ante esto. Y que hará cuando, quizá, el gobierno USA decida apoderarse de Canarias, e incluso de Andalucia, o entregárselas a Marruecos, igual que ha hecho con el Sahara. Los neofalangistas actuales, “patriotas” de boquilla, Vox, conspiracionistas, etc., son tan traidores a los pueblos de Iberia como los falangistas de antaño, que primero trasfirieron el país a la Alemania nazi y luego al imperialismo USA. Son, además, los peores belicistas y militaristas.

España continúa jugando frívolamente a ser el país “listillo” de Europa, por lo que sigue sin definirse sobre estos asuntos, aunque en la penumbra el gobierno de izquierdas está incrementando sustantivamente los gastos militares y el rearme, bajo la dirección de Margarita Robles, ministra de Defensa, feminista y lesbiana[3]. Ella, como todo el feminismo europeo feminazi, en particular el alemán, es abiertamente militarista y belicista.

Pero no solo hay rearma. Hay guerras, y bastante letales. El conflicto ucraniano ha originado, en 2022-2025, 1,2 millones de bajas, entre muertos, desaparecidos, heridos graves y mutilados, 700.000 ucranianos y 500.000 rusos. Es uno de los más sangrientos del último siglo. En el Sahel son cientos de miles las personas muertas o desaparecidas, y quizá otras tantas desplazadas, por el choque entre las grandes potencias en esa zona. En Nigeria los musulmanes están efectuando un genocidio, al exterminar a los cristianos del país. En el Kurdistán la ofensiva turca y siria está matando a buena parte de la población local[4]. En Irán son unas 20.000 personas las asesinadas por la policía musulmana y el ejército de los clérigos islámicos al reprimir la insurgencia popular, sólo en las tres primeras semanas de enero[5]. En Gaza el Estado sionista no ceja en la carnicería. En China la policía política continúa con las “desapariciones” de resistentes y críticos.

La humanidad se adentra en un nuevo periodo de guerra mundial a partir de un número creciente de conflictos y guerras locales de notable letalidad.

RUSIA Y, AL FONDO, CHINA

El blanco último del rearme europeo no es tanto Rusia como China. Rusia es una potencia menor, sin músculo económico, lo que no es el caso de China. Alemania, la jefa de la Unión Europea, necesita imperiosamente detener el expansionismo comercial, industrial, tecnológico y financiero (ahora también militar) chino a fin de recuperar su capacidad industrial exportadora, y para ello se rearma. Es el caso, también, de Polonia, que ha realizado un sorprendente “milagro económico” en los últimos decenios, el cual se dirige no sólo contra Rusia, su verdugo secular, sino también contra Alemania, aunque por el momento ambos países están unidos contra China-Rusia.

Con todo, Rusia[6], que en cuatro años sólo ha conseguido conquistar y mantener a duras penas bajo su férula el 20% del territorio ucraniano, se entrega cada vez más a vociferaciones intimidatorias contra Europa y la OTAN, a las que amenaza con su arsenal nuclear, con pasar a la ofensiva, con atacar primero, etc. Tales fanfarronadas sirven al Kremlin como propaganda ante el pueblo ruso, al que impone unas condiciones dictatoriales intolerables, privándole del acceso a información veraz, y para fidelizar a sus cada vez más escasos seguidores en otros países. Porque si Rusia es tan poderosa, en tanto que potencia imperialista, ¿por qué no culmina la conquista de Ucrania de una vez por todas? Eso incluiría también dar explicaciones sobre su derrota en la batalla de Pokrovsk, a finales del verano de 2025, por ejemplo… Si Ucrania supera, aunque sea con elevados daños, el invierno de 2026 exitosamente, tiene la guerra explícitamente ganada.

Vencida Rusia y, probablemente, de nuevo en implosión auto devastadora, los citados países europeos desplegarían su aparato militar en tres direcciones y contra tres adversarios: 1) el imperialismo chino, 2) los EEUU, 3) sus potencias rivales en el seno de la Unión Europea, o en otros lugares del planeta. El expansionismo ruso, tan burdo, tan torpe, es, más que otra cosa, el pretexto para el rearme. En tales condiciones, la OTAN no va a tener una existencia ni larga ni estable…

Pero EEUU dispone de otra estrategia alternativa para con Rusia. Quiere atraérsela, presionando a Ucrania para que admita una “paz”, o al menos un alto el fuego, que dejaría en manos de Moscú el 20% del territorio ucraniano, para que Rusia se una al bloque anti chino, o al menos se declare neutral. Esta línea de actuación posee bastante lógica, aunque no tiene en cuenta que para mantener atrapados y sometidos a los no rusos situados dentro de la Federación Rusa, el Kremlin ha de aparecer como ganador absoluto, como vencedor indiscutible, lo que no sería el caso si admite que todo lo que ha logrado es una porción del este de Ucrania estratégicamente marginal tras cuatro años de feroz pelea y muchísimas bajas. Esta expresión de impotencia de Moscú lo pone en evidencia como lo que es, una potencia menor, débil y en ocaso. Todo ello, unido a sus fracasos en Siria y el Sahel, sin olvidar Venezuela e Irán, lo desacreditan, lo que equivale a avivar las llamas de la insurgencia interior a dicha Federación.

Si Rusia insiste en llevar la guerra hasta el final en Ucrania, los EEUU se atendrían a la estrategia de apoyar al otro bando para forzar la desintegración de la Federación Rusa, lo que iría acompañado, en un segundo momento, de una alteración política cardinal en Moscú, que haría posible su cambio de bando, uniéndose a Occidente. Si esto tampoco fuera posible, entonces el plan consistiría en el desguace y reparto de aquella Federación tras la completa derrota de Moscú, posiblemente con invasión terrestres de alto nivel.

Para unos pocos, Rusia es un país viril, fuerte, sano, exento de la decadencia que corroe a Occidente, todo un ejemplo a imitar. Ciertamente, pensar eso significa que quienes lo hacen sufren un empacho de la propaganda del Kremlin y una falta grave de conocimiento objetivo de la sociedad rusa. Como no es pertinente entrar en grandes argumentaciones sobre aquélla, basta con tomar un asunto significativo, el del alcoholismo. Lo padece un porcentaje bastante elevado de los rusos y rusas, con efectos devastadores para cada persona y para el conjunto de su sociedad. El problema no es nuevo, pues ya el zarismo utilizó el vodka como producto destinado al embrutecimiento planeado de la sociedad, con el fin de conseguir un elevado asentimiento político. Igual, o más, hicieron los comunistas, y lo mismo el vigente régimen, y con idénticos objetivos. Ciertamente, que el 80% del precio al público del vodka sean impuestos esclarece mucho el asunto, aunque eso es segundario en relación con el uso del alcohol como herramienta estatal para lograr sumisión política. El abuso a lo grande del alcohol muestra lo desquiciada que está la sociedad rusa, tanto que necesita acudir a tal sistema de evasión. Y mide también la perfidia de una clase gobernante que, por mantener su dictadura, impone que cientos de miles de personas enfermen y mueran por causa de la bebida.

LOS EEUU EN DECADENCIA AVANZADA

Su problema es interno, más que externo. Un país como este, cada día más decadente y descompuesto, con la moral cívica y la moral individual perdidas[7], entregado a una bacanal de indecencia, degradación, nihilismo, hedonismo, enfermedades mentales, ciega veneración por el dinero, egotismo suicida y polidestructividad, no está en condiciones de hacer frente con efectividad a los desafíos externos. La pérdida de la ética social incluye la liquidación de la moral del trabajo, lo que equivale a que los productos y mercancías de USA son cada día más caros y de peor calidad, por lo que encuentran una aceptación decreciente en el mercado mundial. Empero, la causa principal de la desestructuración moral de la sociedad estadounidense y de sus individuos son las interminables jornadas de trabajo, que embrutecen la gente, que la roban toda su energía. En EEUU se vive para trabajar y nada más, además, en tareas altamente destructivas de la esencia concreta humana.

Su desindustrialización, de 1990 para acá, ha sido pavorosa, con la semi aniquilación de su clase obrera fabril (hasta 70 millones de puestos de trabajo industrial perdidos[8]), lo que es inevitable cuando un país se aúpa a gran potencia. Ese mismo proceso liquidacionista lo ha padecido también Inglaterra, en fechas sólo un poco anteriores. A día de hoy, la reindustrializar EEUU requiere unas inversiones tan descomunales que el país no está en condiciones de efectuarlas, y sin ellas su poder militar no podrá mantenerse a medio plazo, tampoco su poder financiero y monetario.

Al mismo tiempo, los gastos -improductivos y parasitarios- que ocasiona el despotismo y la inmoralidad general, impuestos desde el poder del Estado, son descomunales. Un ejemplo de ello es el consumo de drogas, que está dando al traste con la sociedad estadounidense y que no admite un tratamiento de, meramente, persecución de la oferta, sino que requiere, más bien, reducción de la demanda, lo que reclama un cambio de cosmovisión y de estructuras políticas y económicas. Porque la vida espantosa, infernal, no-humana, que llevan las gentes hace de facto “imprescindible” la drogadicción casi universal. Los costes económicos, directos e indirectos, de las drogas se acercan a un punto en que ya no son sostenibles para USA[9].

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[1] En el presente es innegable que la guerra mundial, en realización y preparación al mismo tiempo, deviene del gran capitalismo. La disputa por los mercados de bienes físicos, tecnológicos y financieros es su causa primera explícita. Los Estados que observan que su capitalismo pierde cuota en el mercado mundial están alarmadísimos porque, con la mengua de las ventas, se reduce la cuantía de los impuestos que perciben de las grandes firmas. Así que se arman y rearman para abrir a tiros y a bombazos nuevos espacios donde vender provechosamente las mercancías de sus firmas multinacionales y, al mismo tiempo, lograr materias primas y productos energéticos. Por eso los “pacifistas” que dicen desear la paz en condiciones de capitalismo, y los “antimilitaristas”, que sostienen lo mismo, se equivocan. Para poner fin a las guerras y al rearme hay que ir a las causas ultimas de aquéllas, el gran capitalismo y la existencia de los Estados. Así lo exponga en mi “Manual para una revolución integral comunal”. Una economía comunal es lo condición necesaria e irrenunciable para que no haya guerras intraestatales ni conflictos comerciales.

[2] Ahora en Venezuela es el aparato del Estado chavista quien realiza los intereses de los EEUU. Una vez sacrificado Nicolás Maduro como chivo expiatorio, el Estado “antimperialista” venezolano se pone al servicio del imperialismo yanqui. Las y los bambarrias del “socialismo del siglo XXI” no han escogido el épico, honorable y heroico camino del pueblo ucraniano, luchar hasta el final, sino el más vil y cobarde, entregarse como cipayos al Imperio. Eso es el “antiimperialismo” de la izquierda procapitalista…

[3] Es cierto que la condición erótica de las personas es asunto privado e íntimo que no debe sacarse a la plaza pública, pero el feminismo, ya hace mucho, ha acuñado la estatolátrica y despersonalizadora consigna de que “lo personal es político”, de manera que por esta vez me atengo a sus ideas y no a las mías. Máxime porque el lesbianismo ha sido convertido por la izquierda y el feminismo en una categoría política a manipular y rentabilizar, lo que no es admisible. Corresponde a las lesbianas denunciar el uso politiquero de su condición. Empero, llama la atención que varios partidos europeos de extrema derecha, por naturaleza ultra belicistas, estén comandados por lesbianas, es el caso de Alternativa para Alemania, que tiene como jefa a Alice Weidel.

[4] Hace unos pocos años, los kurdos enrolados en el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, cooperaron con las tropas USA y sus aliados locales para combatir al Estado Islámico de Irak y Siria. No sé si esto era apropiado o no en aquellas circunstancias, probablemente sí, pero luego dicho partido perdió el contacto con la realidad, se rindió al status quo global y dejó las armas para integrarse en el sistema partitocrático, en Turquía, lo que es obviamente desacertado. Ahora el gobierno de Turquía, que forma parte de la OTAN, y el gobierno de Siria, un títere de EEUU cuyo jefe proviene del Estado Islámico, se han unido contra el pueblo kurdo. Para ello incluso están rearmado al Estado Islámico, de donde es de temer un genocidio de proporciones bíblicas. Esto prueba, una vez más, que el islam yihadista es una creación de Occidente, y que su pátina “anti occidental” es mera demagogia y embuste, para engañar a sus bases. Como es sabido, el islam apenas existiría a día de hoy, salvo como “religión” de mínima presencia, si no fuera porque resultó, literalmente, resucitado al final de la Segunda Guerra Mundial por los EEUU. Desde entonces es, en todo el mundo, una marioneta al servicio de esta potencia, incluso cuando dicha marioneta muerde la mano que lo alimenta, como aconteció con el Estado Islámico, que en una determinada fecha se revolvió contra sus creadores y amos, lo que ya había pasado antes con al Qaeda, formada por los yanquis y luego rebotada contra ellos.

[5] El clero musulmán de Irán en el poder ejecuta entre 1.000 y 1.500 personas cada año, en la horca, por “crímenes” religiosos, políticos, etc. Una matanza programada que se repite desde su llegada al poder en 1979-1982, con monótona regularidad. El feminismo de Estado sostiene que el asunto del velo es el único mal que realizan los ayatolas, y que son las mujeres las que están llevando adelante la lucha. Pero eso no es cierto. Si se consultan las listas de ahorcados, las mujeres están en amplia minoría, lo mismo que sucede si se escruta la relación de los asesinados en las calles y en los hospitales (la policía musulmana penetra en ellos para rematar a los heridos, algo espantoso). Así pues, son los varones quienes portan sobre sí casi todo el peso de la pelea por la libertad. Por el contrario, en las manifestaciones de respaldo al régimen, las mujeres tienen una presencia bastante notable. Argüir que todo se reduce al velo es hacer a los ayatolas un enorme favor, pues con ello se oculta lo principal de sus atrocidades, tantas y tan tremendas. Por lo demás, es sabido que en España el feminazismo, o feminismo de Estado, el partido Podemos, ha ido recibiendo desde hace muchos años ayuda, económica y mediática, del multicriminal régimen musulmán iraní. De ahí el respaldo. El feminazismo neopatriarcal y el islamismo ultrapatriarcal se entienden bien…

[6] Todavía quedan personas desinformadas que presentan a Rusia como “antiimperialista” y víctima de Occidente, de la OTAN, la cual, en consecuencia, está librando en Ucrania una guerra justa contra sus agresores. A esas personas desinformadas, si son de buena fe, les digo que miren hacia Siria, durante muchos años una semicolonia del Kremlin, y den su opinión sobre el complejo carcelario de Sednaya, desmontada, al parecer, en 2025, tras casi veinte años de operaciones. Sednaya, diseñado y mantenido por el cuerpo expedicionario ruso, fue, a mi entender, el campo de exterminio y matanza a descomunal escala más terrible del que se tienen noticias. Un sistema industrial de detención y torturas, de canibalismo y monstruosidades de todo tipo, de asesinatos al por mayor y “desapariciones”, que lo han padecido docenas de miles de personas. Y eso lo hizo Rusia, contra el pueblo sirio. Quien construye una cosa así no merece ningún respeto ni ningún apoyo, solo la derrota y un juicio justo por sus crímenes.

[7] Una de las primeras causas sociales de dicho libertinaje e inmoralidad es la existencia de sujetos muy ricos, de individuos que se han apoderado aviesamente y con demérito de una parte colosal de la riqueza social. Es el caso de Trump. Tales, están envileciendo y degradando superlativamente la vida colectiva con sus maldades e inmoralidades, con sus extravagancias tiránicas y caprichos odiosos. Por eso, es insensato creer que un personajillo como Trump, un multimillonario especulador y parasitario, pueda “resolver” los problemas de EEUU y del resto del mundo. Quienes tal afirman han perdido no sólo la conciencia moral sino sus capacidades intelectivas… Regenerar EEUU demanda una revolución económica, esto es, expropiar sin indemnización a los muy ricos, así como a las empresas estatales, para construir con tales bienes productivos una economía comunal, lo que incluye el apoyo y fomento de los autónomos, la pequeña empresa y el pequeño negocio.

[8] En ellos trabajaba la denominaba “basura blanca”, los asalariados de etnia blanca que se han quedado sim empleo, han visto desaparecer sus familias, carecen de buena salud, a veces no tienen vivienda y padecen otras varias desgracias. Son un sector olvidado y despreciado, víctimas de los cambios a peor que ha padecido EEUU en los últimos decenios. Trump hizo bastante demagogia con ellos, pero al llegar al gobierno los ha olvidado, dejado que sigan marchando hacia su completa aniquilación. Así es ese sujeto, el ídolo de la extrema derecha, los neonazis, los conspiracionistas y, también, de un sinnúmero de memos e ignorantes, que no comprenden cómo funciona el sistema de poder. Todas sus promesas electorales las está negando en la práctica. Dijo ser enemigo del islam y se ha convertido en el primer mecenas del islam en todo el mundo. Dijo estar contra la emigración y con él están entrando en EEUU más emigrantes que nunca, lo que pretende ocultar organizando espectaculares redadas policiales cuyos efectos prácticos son, a fin de cuentas, insignificantes en lo numérico. Dijo que acabaría con el racismo antiblanco y lo que hace es sumarse a los matarifes que están exterminando a la “basura blanca”, como se ha dicho. Dijo estar contra la industria farmacéutica y las vacunas, pero satisface a aquélla con una oleada de medidas a su favor y subsidios, a la vez que incrementa el nivel de vacunación de escolares, soldados, etc. Dijo respaldar a los pequeños granjeros, pero todas sus medidas van a favorecer a los latifundistas que se quedan con las granjas de aquéllos cuando quiebran. Es, además, un corrupto formidable, que utiliza su cargo gubernamental para hacer negocios aún más lucrativos y enriquecerse, y eso tras tronar contra la corrupción. Es, además, un represor virulento, que manda detener, apalear y asesinar. Por eso, es hora de que quienes lo apoyaron de buena fe, abran los ojos y rectifiquen. Para ello es adecuada la lectura del libro “El conspiracionismo, la extrema derecha y el Estado”, de José F. E. Maenza y mío. Dentro del sistema no hay solución. Todos los que forman parte de él son iguales, los mismos perros con distintos collares. La solución esta fuera, en la revolución.

[9] Por supuesto, en todo esto los factores objetivos son básicos. En concreto, la fortaleza del dólar que, al ser imprescindible en la mayor parte del mundo como moneda de reserva y atesoramiento, lleva a que EEUU pueda adquirir todo tipo de mercancías en el extranjero de manera ventajosa. Esto en un sentido es excelente para ese país, pero en lo esencial y a largo plazo resulta nocivo, pues daña e incluso limita la producción interior de bienes industriales y agrícolas, desindustrializando y desertificando. Cuando esa pérdida de industria alcanza un nivel avanzado, el país imperialista se quiebra, empieza a ser militarmente vencido en sus aventuras militares y su moneda se devalúa, dejando de cumplir su función de depósito de valor, con lo que dicho poder imperial, como se ha dicho, se viene a tierra. Ese es el camino que han seguido todos los imperios en la historia, con la particularidad de que EEUU lo está transitando más deprisa que los expansionismos del pasado. El auge, decadencia y derrumbe tendenciales de los entes imperiales responde a leyes objetivas que operan en el interior mismo de la historia y del presente, como expongo en mi libro “Autoaniquilación. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad”, obra en que aplico la filosofía dialéctica de Hegel, así como la filosofía de la complejidad de E. Morin, a la mejor comprensión de la enrevesada situación actual.