
En un reciente artículo, este autor alerta sobre “el peligro de una deriva reaccionaria” de quienes, según su criterio, defendemos el comunal, Miquel Amorós[1] y yo. Para realizar tal formulación, Guillamón debería poseer una cosmovisión revolucionaria, un sólido ideario de transformación social-personal global. No es el caso. Su sistema se reduce a retórica vacía copiada de la izquierda gubernamental, el PSOE y sus peones. En efecto, apenas nada hay en él que no hayamos escuchado y leído infinitas veces en la izquierda que está en el gobierno.
Empezaré diciendo que lo que expone sobre historia es inexacto y anticuado, además de superficial. Por ejemplo, ya apenas nadie habla de “feudalismo”, ese palabro arbitrario e injurioso. Los acontecimientos de antaño fueron de otro modo, y ahora es necesario reconstruir la historiografía, para arrebatársela al sistema estatal y capitalista[2]. En esta materia Guillamón escribe sobre lo que no sabe y no entiende.
Pero lo que importa es el presente. Hay que poner fin al ente estatal, al Leviatán mafioso y criminal que todo lo devora, y, ¿dónde está el programa de revolución popular antiestatal de Guillamón? Es verdad que, de vez en cuando, éste lanza algunas frases aparentemente contra el Estado, pero eso no es apenas nada, o incluso es menos que nada. Resulta necesario que desarrolle un programa de forma detallada. Yo lo hago en mi “Manual para una revolución integral comunal”.
Respecto al capitalismo, nos encontramos con lo mismo, sólo frases, sin ir a lo preciso, o sea, nada de concreción, nada de programa. Guillamón debe de decirnos cuál es su propuesta para una economía sin capitalismo, que sea a la vez eficiente y realizable. Lo que he encontrado en sus textos son formulaciones socialdemócratas, difícilmente distinguibles de las que utiliza la extrema izquierda estatista y procapitalista (Podemos, CUP, etc.), hoy en decadencia.
Su problema epistemológico es la supremacía de lo ideológico sobre lo experiencial. Sus formulaciones provienen del progresismo y del anarquismo, no de la realidad, ni pasada ni presente. Que el progresismo es retórica burguesa, destinada a embellecer al régimen liberal constitucional no necesita demostración. Si requiere un mayor esfuerzo probar que el anarquismo, en la gran mayoría de sus variantes, resulta ser una forma de izquierdismo institucional, destinado a robustecer al Estado y a proteger al capitalismo.
Hay vocablos que recogen y exponen tales formulaciones, anarcosocialdemócratas, anarcoestatistas, anarcocapitalistas[3], y otros incluso más concluyentes. Como anarcofascista.
El anarquismo español en su gran mayoría, nunca ha sido revolucionario, y hoy tampoco lo es. Y eso se aplica indistintamente a su programa, ideología y práctica. En la primavera de 1936 se pone al lado del gobierno del Frente Popular contra las comunidades rurales que estaban luchando por recuperar sus bienes comunales, apoyando de facto matanzas como la de Yeste (Albacete)[4]. Luego participa con cuatro ministros en el gobierno republicano de la contrarrevolución -dirigido contra la insurgencia comunal- de noviembre de 1936, un acto ignominioso[5]. Sin una autocrítica de todo ello, el anarquismo español no puede ser admitido en el bando de la revolución. Ni siquiera en el bando de la gente decente.
Todo ello no fue un “error”, sino la consecuencia de su ideología y contenidos. De su incapacidad para romper con la teoría del progreso y el progresismo, de su veneración por la tecnología, el desarrollismo y el bienestarismo, de su fervor implícito por la doctrina económica marxista, de su servilismo hacia la izquierda estatolátrica[6], en suma, de su rechazo de la revolución. Esto último, su negativa a aceptar la idea y la práctica de la revolución, es lo que sobre todo me separa del anarquismo.
Guillamón -conviene insistir en esto- tiene que considerar críticamente, para ser admitido como interlocutor válido, que el anarquismo se incorporó al Estado español republicano en 1936. Y que eso creó formas inaceptables de capitalismo de Estado como las “colectividades”, dependientes de los diversos Ministerios republicanos, así como del Banco de España, originando toda una burocracia parasitaria y explotadora de altos funcionarios, jefes militares y policías anarquistas.
Hoy el anarquismo español, salvo algunas excepciones personales y grupales, es el furgón de cola del izquierdismo burgués y progresista, estatista y procapitalista, inmigracionista, racista antiblanco, islamoentusiasta, defensor de la sustitución étnica y la limpieza racial en Europa, feminazi y neofascista de izquierda. Sigue a la extrema izquierda, seguidora a su vez del PSOE, de manera que el anarquismo es en el presente otro apéndice del gobierno del PSOE.
Como peón de la izquierda, el anarquismo está a favor de la emigración y a favor del feminismo de Estado, lo que Guillamón defiende. Al hacerlo, repite los argumentos de la gran patronal española, que exige la entrada de 300.000 emigrantes por año, lo que es coherente con su programa general procapitalista y estatolátrico, pues los inmigrantes incrementan los ingresos fiscales del Estado. Algo similar sucede con el feminismo de Estado, la última versión del neopatriarcado y el ultramachismo, el peor y más dañino enemigo de las mujeres hoy[7]. Como tengo muchos textos, libros y videos explicando mi posición sobre estos asuntos, no me extenderé aquí.
Sí añadiré que, al hacer suyo el feminismo de Estado, el anarquismo se sitúa al lado del Estado policial feminista, respaldando leyes puramente neofascistas, como la de Violencia de Género. Dicha norma reproduce la legislación franquista sobre el “desprecio de sexo”. Así pues, Gillamón, tan preocupado por el supuesto ascenso del fascismo, él y todo el anarquismo feminazi, resulta que es seguidor del neofranquismo jurídico…
Quienes repudian las demasías terribles del capitalismo han de saber que el comunal, la sociedad comunal, el modo de producción comunal, es el único capaz de organizar una economía no-capitalista funcional, aplicando sus fundamentos, principios y valores, que son de significación universal. Estos sirven para el comunal rural y para el comunal urbano[8], industrial o de servicios. Mientras los anarquistas en la guerra civil se sirvieron del capitalismo de Estado para sus intervenciones económicas, en una futura situación revolucionaria se podrá poner fin al capitalismo con la normativa económica, política, jurídica, laboral, convivencial y moral contenida en la cosmovisión comunal.
Los anarquistas institucionales están muy preocupados con el ascenso de la extrema derecha, y me vituperan por formar parte, dicen, de quienes están ayudando a aquélla. Pero lo cierto es que la extrema derecha prospera porque la política y línea de la izquierda, en todas sus manifestaciones, ha llegado a ser tan dañina y tan odiosa para las clases populares que están dispuestas a casi cualquier cosa para hacerla desparecer. Son, por tanto, el izquierdismo y su peón, el anarquismo, quienes están ocasionando el citado auge de la extrema derecha.
Una manifestación concreta de la mentalidad liberticida de Guillamón se evidencia en la cuestión del islam. Éste es la religión fascista por antonomasia, pues todo en él es violencia, terror, dominación, patriarcado, capitalismo, Estado, barbarie, conquista. Quien no comprende qué es el islam es porque no tiene en su cerebro nada que le haga amar la libertad, nada. Ahora, de lo que se trata es de contribuir a que las multitudes dominadas por el islam abran los ojos y se emancipen de él, para que se unan al bloque de la revolución integral comunal mundial.
Pero esto le parece mal a Guillamón, pues está en contra de la revolución en todas partes, aquí y en los países islamizados. Su sitio, como defensor del islam, se encuentra al lado de otros devotos europeos de la religión fascista, Franco, Hitler, Mussolini. Sobre todo, Hitler, el gran islamoentusiasta del siglo XX. A él siguen en este asunto la izquierda y el anarquismo en su gran mayoría, por tanto, Guillamón.
Mi línea e ideario está logrando que sectores significativos no se sumen a la extrema derecha. Yo soy un referente del antifascismo para muchos, mientras que el anarquismo, con su copia servil de las políticas izquierdistas gubernamentales, resulta ser uno de sus promotores fácticos[9].
La conclusión última es que el anarquismo debe cuestionarse las doctrinas y teoréticas decimonónicas que conforman su esencia. Tiene que dar de lado las ideologías y situarse en el solido terreno de lo experiencial, de lo real. El comunal es la cosmovisión revolucionaria del siglo XXI, una vez que todas las doctrinas supuestamente “radicales” han demostrado su naturaleza equivocada y perversa en la práctica. Lo que importa es la revolución, como hecho práctico transformador, no las doctrinas.
Por eso el ideario y programa de la RI (Revolución Integral) es el del futuro, porque no admite más referencia que lo experiencial y real trascendente. Así pues, basta ya de teoréticas decimonónicas, todas ellas integradas en el inmenso pero pútrido corpus de la antirrevolución liberal mega estatista de los siglos XVIII y XIX.
Gillamón ofrece retorica tomada de los partidos gubernamentales. Quedo a la espera de que: a) explique sus diferencias con ellos; b) exponga su programa en concreto. La verborrea que utiliza (introduciendo además en el debate a una persona que escribe artículos o hace informes para del ministerio de Defensa, pero que va de anarquista individualista) no es de recibo. Guillamón matiza que no se adscribe a las tesis de dicha persona, pero el caso es que introduce dichas tesis en su artículo…
[1] Con Amorós tuve una relación militante hace años. Hubo entre nosotros acuerdos y desacuerdos, con mutuo respeto. Hoy, difiero bastante de muchas, pero no de todas, sus formulaciones. Mi criterio es que Miquel debe dar ya el salto definitivo a la Revolución. De algún otro individuo que cita Guillamón sólo me cabe advertir que no es bueno tomarse en serio a quien es un portavoz mercenario del ministerio de Defensa…
[2] Una muestra de ello es el historiador Iñaki Martin Viso, en un vídeo titulado “Una sociedad sin Estado: la Meseta del Duero (siglos VIII al IX)”. Mas al respecto puede hallarse en su libro “Pastos, iglesias y tierras. Los comunales en la Meseta del Duero (siglos IX-XII)”. Ciertamente, disiento en mucho de Martin Viso, pero en su diagnóstico de que, en esa área territorial, la primera Castilla, hubo un épico orden no estatal en la Alta Edad Media, comunal y concejil, coincido. No sólo allí. Más y mejor en Navarra (Euskal Herria en su totalidad), cuna y solar de la revolución bagauda. Lo mismo en Cataluña y en Aragón. Y también, aunque de otro modo, en los territorios del oeste peninsular, Asturias, León, Galicia y Portugal. La clave es la revolución bagauda del siglo V, trece años de lucha armada revolucionaria contra el Estado romano y el Estado visigodo. Nada de esto se encuentra en Guillamón, entregado a una interpretación progresista e izquierdista de nuestra historia, a la vez desacertada, anticuada y reaccionaria. El libro necesario, del que soy coautor, es “Bagaudas. Los revolucionarios que cambiaron la historia”. Todo esto, al anarcoestatismo no le interesa pues está a favor de la existencia de estructuras estatales. Y, por la lógica de las cosas, el anarcoestatismo se convierte fácilmente en anarcofascismo.
[3] No es posible dejar de comentar la operación de Estado que está siendo realizada en Argentina hoy, para expandir el Estado, concentrar aún más el capital, reducir los salarios e incrementar el porcentaje de la población que está en la pobreza. Todo ello se efectúa desde la ideología del anarquismo y bajo la dirección del Estado argentino, lo que pone en evidencia la naturaleza estatista y capitalista de dicha ideología. Sería bueno que Guillamón y su mencionado colaborador del ministerio de Defensa, al que con tanta delectación cita, digan algo al respecto…
[4] Entonces se estaba constituyendo una situación cuasi revolucionaria en desarrollo que no interesó al congreso anarquista de Zaragoza en mayo de 1936. Mientras por todos los territorios de Iberia las gentes estaban chocando con la guardia civil y demoliendo las estructuras estatales para reinstaurar la sociedad comunal, los anarquistas se concentraron en discutir sobre el sexo de los ángeles y acerca de las vacaciones para el verano próximo. Este lamentable proceder proviene de su defecto principal, que no están por la revolución, que no son una fuerza revolucionaria, exceptuando a una minoría. Por eso el anarquismo español siempre ha ninguneado o calumniado al comunal, siendo “La Revista Blanca” la casi única excepción, con Juan Montseny. Hoy estamos en lo mismo.
[5] Cuando Durriti y su columna andaban por Aragón en el otoño de 1936 no respetaron ni apreciaron los sistemas asamblearios concejiles aún existentes en numerosas localidades, ni tampoco los bienes comunales trabajados y explotados colectivistamente. Al despreciar todo ello se ganaron el distanciamiento de la población, que los percibió más como conquistadores brutales y urbanitas ignorantes que como liberadores. Esto contribuyó en mucho al fracaso de la aventura militar del anarquismo en Aragón durante la guerra civil.
[6] El partido Unidas Podemos, creado bajo la dirección del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) en 2011-2014, recibió un respaldo notable del anarquismo, hasta el punto que en algunos territorios fueron los anarquistas quienes crearon su estructura organizativa. Esta cooperación entre el anarquismo y la izquierda antirrevolucionaria es habitual en la historia y presente del anarquismo, pues resulta de su misma ideología y fundamentos. Yo denominé a aquél como Partido de los Canallas Fascistas, de manera que tal apelativo sirve también para quienes tanto contribuyeron a su existencia, en cooperación con el CNI. Hoy Unidas Podemos es una ruina, y algo parecido le sucede al movimiento anarquista español…
[7] Me acusa Guillamón de estar en contra del aborto. Cierto, lo estoy. Pero no como asunto jurídico, sino como cuestión moral, lo que significa que el aborto tiene que ser rechazado en conciencia como un grave acto de desamor, aunque sin ser convertido en delito. Abortar es un acto deplorable e inmoral pero no un delito, pues ninguna mujer puede ser obligada a ser madre si no desea serlo. Por lo demás, ¿capta aquél el pavoroso problema demográfico que existe hoy y que amenaza con extinguir a la humanidad? Su ideología progresista, un mero narcótico espiritual, le impide percibir la realidad como es…
[8] Es mi intención trabajar con intensidad y constancia la teoría y la práctica del comunal urbano. Lo esencial de la cosmovisión comunal puede aplicarse en las grandes urbes tanto como en el rural.
[9] Mi combate contra la extrema derecha se manifiesta en el libro “El conspiracionismo, la extrema derecha y el Estado”, del que soy coautor. El anarquismo, en los años 2020-2021, se puso del lado del Estado cuando la pandemia del COVID19 y la imposición institucional de medidas liberticidas como las mascarillas, las vacunas, etc. ¿Cómo es posible que quienes se llaman libertarios se “olvidaran” entonces de defender las libertades individuales y colectivas contra el autoritarismo sanitario estatal?