
El reciente ataque armado del imperio USA contra Venezuela es una expresión más del matonismo y crueldad de la primera potencia neocolonialista mundial en su fase de desintegración. Al mismo tiempo, hay que rechazar absolutamente a la tiranía chavista, así como a su chatarra verbal, el “socialismo del siglo XXI”, “la revolución bolivariana”, etc. Siempre he denunciado al chavismo como una forma de sub imperialismo regional, sustentado en el capitalismo de Estado, la dictadura incrementada del Estado y el control político, ideológico y económico de las masas populares. Hubo un tiempo en que la extrema izquierda totalitaria española, hoy en quiebra, apoyó obsesivamente tal monstruosidad, pero han pasado unos pocos años y todo se les ha ido de las manos, hacia la ruina y la catástrofe[1]. Esto es un gran avance.
Condenar el chavismo no lleva a apoyar al imperialismo EEUU, ni viceversa. Ambos forman parte del paquete del mal y el humanicidio. Venezuela necesita una revolución popular integral que derroque al primero y expulse al segundo.
Ningún país puede invadir a otro país, sean cuales sean las circunstancias y por muy horrible que resulte ser el régimen del invadido. Tiene que ser el propio pueblo, y sólo él, quien resuelva la situación, no falsos redentores y verdaderos conquistadores llegados desde fuera. Este es un principio axial de política internacional[2].
Del mismo modo que el movimiento por la revolución integral denuncia la invasión de Ucrania por el imperialismo militarista ruso, ahora condena con la misma fuerza y legitimidad la invasión de Venezuela por el brutal imperialismo USA, dirigido por un presidente de extrema derecha.
El ataque a Venezuela forma parte de la presente fase de la nueva guerra mundial. USA busca expulsar a los imperialistas chinos y los imperialistas rusos de aquel país, que han estado lucrándose con su petróleo y minerales estratégicos. Con ello impide que China, deficitaria en hidrocarburos, pueda abastecerse desde allí. Al mismo tiempo, EEUU se propone disminuir radicalmente las exportaciones de petróleo ruso, a fin de debilitar económicamente a este país, para lo cual pondrá cantidades crecientes de crudo venezolano, ahora de su propiedad, en el mercado mundial, desalojando a Rusia.
A la vez, USA amenaza a otros países “díscolos” de lo que considera como su esfera “natural” de influencia, toda América. En primer lugar, a Brasil, que está coqueteando en lo económico con las potencias rivales. Luego a Panamá, pues se propone tomar el control directo del canal, así como a Méjico, Cuba y otros. No hay que olvidar en esta relación a Canadá y a Groenlandia, pues el imperialismo yanqui desea apoderarse de todo, atraparlo todo, quedarse con todo. Demasiado para sus actuales fuerzas, pues es una gran potencia en descomposición.
Su enemigo verdadero es China, que lo ha superado ya en tecnología, recursos financieros, capacidad industrial y capacidad exportadora de mercancías. El plan estratégico de USA es aislar a esta gran potencia hiper capitalista, para lo cual necesita que Rusia cambie de bando, que rompa con China (o al menos se declare neutral) y se pase al bloque occidental. Por eso está dispuesta incluso a entregar a Moscú una parte de Ucrania, la que aquél tiene ya conquistada (el 20% del territorio ucraniano). Pero esto choca con dos obstáculos. Uno es que Moscú no puede parar ahora la guerra, pues la Federación Rusa es una cárcel de pueblos y si cediera ante Ucrania, aunque fuera parcialmente, muchos pueblos de aquélla se insubordinarían, perdiendo quizá Rusia su imperio colonial, en parte o en todo, fruto de tantos siglos de rapiñas y matanzas.
En consecuencia, el Kremlin está forzado a llevar hasta el final su guerra de agresión contra Ucrania, para mostrar a posibles imitadores de los ucranianos lo que les espera si se oponen al poder ruso. Por otro lado, el pueblo de Ucrania no admite ninguna cesión. Desea recuperar su integridad territorial absolutamente, al completo, a la vez que toda su soberanía, independencia y libertad.
De ahí que la guerra de Ucrania se haya convertido en una gran carnicería[3], por un bando y por otro, pues hay un choque de dos voluntades muy firmes, dispuestas a realizar no importa qué sacrificios. Y por eso aquélla va a continuar y continuar, hasta que Rusia se desplome exhausta y derrotada, pues tal es el desenlace más probable. Es cierto que Ucrania está sufriendo más bajas y más destrucción que Rusia, pero la motivación del pueblo ucraniano es formidable, dado que su vigor nacional y patriótico resulta ser enorme, lo que llevará al desmoronamiento del imperialismo ruso, aunque no a corto plazo. El Estado ruso agresor es más fuerte en lo material, pero sus soldados carecen de motivaciones, y los que son de nacionalidades no rusas están disgustados con que les obliguen a combatir a los ucranianos, a quienes admiran y desean imitar.
Rusia tiene perdida la guerra, ya que no puede ganarla, lo que equivale a una derrota. Los países europeos de la OTAN se están armando aceleradamente no tanto para combatir a Rusia, que está manifestando su debilidad estratégica de forma obvia, sino para trasladar sus ejércitos, en un futuro próximo, al escenario principal de operaciones, el área Asia-Pacífico, con el objetivo de completar el cerco contra China y lanzar desde allí el asalto total a este país, como tal literalmente, o como envolvimiento férreo y completo que acabe estrangulándola.
Por eso Alemania ya ha declarado que el servicio militar voluntario que está implantando se convertirá no tardando en servicio militar obligatorio[4], Polonia sigue reclamando a grito pelado comenzar ya el ataque a Rusia, e incluso Suiza, sempiternamente neutral, está estudiando su incorporación a la OTAN. Por todas partes se multiplica el belicismo y el militarismo. Y es en este contexto en el que hay que situar la agresión yanqui contra Venezuela.
En efecto, en el mundo hay cada día más violencia entre Estados, más megaempresas capitalistas que necesitan de las guerras para ampliar sus negocios, más rearme, más incorporaciones forzosas de los jóvenes al aparato militar. Ante ello, hay que mantener la posición de declarar la guerra a la guerra, yendo a las causas de ésta, los Estados, el imperialismo y el gran capitalismo.
[1] La extrema izquierda va de tropezón en tropezón. Se ha desplomado Venezuela y al mismo tiempo está a punto de caer otro de sus apoyos, Irán, cuyo régimen clerical musulmán, tiránico y criminal, enfrenta un alzamiento popular que, probablemente, lo derribará. Hace una decena de años los izquierdistas se las prometían muy felices al tener el respaldo político y, sobre todo, económico, de los peores regímenes de todo el planeta, pero ahora la situación ha dado un vuelco. Dado que su ideología y teoréticas es disfuncional y contraria a la naturaleza humana, estando ya desacreditada y envejecida, el izquierdismo procapitalista y demagógico está desmoronándose. Esto es bueno para el avance de la revolución integral en todo el mundo.
[2] Es indicativo que la extrema derecha española, con Vox a la cabeza, así como el conspiracionismo, los neonazis, etc., apoyen la criminal intervención de EEUU en Venezuela. Son “patriotas” al estilo de Franco, esto es, lacayos del imperialismo yanqui, meros servidores suyos, marionetas anglosajonizadas.
[3] La izquierda senil se reduce a demandar el fin de la guerra de agresión en Gaza, aduciendo que ha originado 80.000 muertos, pero guarda silencio, o casi, ante la guerra de agresión en Ucrania, que ya ha provocado unos 600.000 muertos, además de otros tanto mutilados, desaparecidos y heridos graves, sumados los dos bandos. Es decir, más de un millón de víctimas definitivas. ¿Por qué este doble rasero, si lo que aduce la izquierda son, en primer lugar, “motivos humanitarios”? Esta es una de las muchas meteduras de pata que están haciendo irrelevante a la izquierda. Todas las guerras de agresión son injustas y todos los agresores tienen que ser denunciados y resistidos.
[4] El jefe del gobierno alemán así lo ha dicho, aunque advirtiendo que las mujeres no serán incorporadas. Esto es asombroso pues el feminismo de Estado en Alemania es exaltadamente militarista. Por lo demás resulta injusto que sólo tengan que ir a luchar los varones mientras las mujeres se queden confortablemente en casa. O todos/todas o ninguno/ninguna, siendo lo segundo lo correcto. El asunto de la guerra, la exclusión de las mujeres del reclutamiento y otras materias relacionadas, están incrementando la crisis del feminismo, por sí mismo y como parte del fracasado paquete y programa izquierdista. Por lo demás, en Ucrania están combatiendo con las armas en la mano unas 55.000 mujeres, que no se definen como feministas, sino sólo como ucranianas amantes de su país. Dicho sea de paso, en una sociedad de la libertad, basada en el armamento general del pueblo, las mujeres portarán armas, igual que los varones, con la única exclusión de las embarazadas y las madres con hijos pequeños. No puede haber exclusiones por motivos de sexo, ni tampoco privilegios. Poner fin definitivamente al patriarcado decimonónico y al neopatriarcado estatista actual así lo exige. En el asunto tratado llama la atención que quien ha sido la jefa, la cruel dictadora en la sombra, es Cilia Flores, la esposa de Maduro. Ella ha ordenado miles de detenciones, numerosas sesiones de tortura y docenas de asesinatos políticos. Tal es la forma concreta que adopta a menudo la “invisibilidad” de las mujeres con poder.